Cuando llora el alma.

Le miré profundamente, contemplé aquellos ojos negros en los que me sumergía como en un pozo sin fondo cada vez que le miraba, que me hipnotizaban de tal manera que jamás encontraba la salida a mi aturdimiento. Pero esa vez era diferente, algo había cambiado nuestras vidas para siempre y a través de aquellos ojos podía prever el futuro tan negro que estaba por llegar. Faltaba poco, muy poco para que todo terminara para siempre.
Sentía como su mirada perdía aquella luz que siempre transmitía, como su cuerpo estaba agotado y muerto en vida, como sus palabras eran pronunciadas de una manera que me mataba el corazón cada vez que lo hacía, como palabras sin vida. Pero aún podía ver la belleza de su alma.
Fingir estar bien cuando por dentro mueres de dolor, sonreír cuando tienes ganas de llorar, reír cuando en realidad te gustaría gritar, ver oscuridad aun estando rodeada de luz, moverte cuando encogido está tu corazón, ¡escapar! Escapar de este lugar sin más, volar, desaparecer o tal vez soñar, despertar deseando descubrir que todo ha sido irreal, pero sabes que eso jamás ocurrirá. Los días pasaban tan rápido mientras la agonía era tan lenta e inmensa que sentía que el tiempo resbalaba entre mis dedos y no podía remediarlo. Hubiera querido detener el movimiento del tiempo para siempre o volverlo atrás para vivir intensamente. Los días eran tan grises como el cielo tras el paso de la lluvia, con la diferencia de que en mí cielo particular no aparecía después el arco iris para iluminar mis tristezas.
Desperté, le miré y pude comprender que era el momento, y armada de un valor desconocido en mí tomé su mano, la acaricié, la besé suavemente mientras sin poderlo evitar las lágrimas surcaban a sus anchas por mi cara.
—Te quiero —son las palabras que pude pronunciar con la voz rota, no era capaz de expresar nada más, pues estaba muriendo de dolor por dentro. Como si una lanza envenenada hubiera perforado mi alma con la más brutal de las fuerzas.
—Siempre serás mi vida, esté donde vaya a estar princesa —me prometió.
Me encantaba cuando me llamaba princesa. Volvió a dirigirme su penetrante mirada negra, esta vez llena de amor, mientras acariciaba mi cara a la vez que con sus ya frágiles manos limpiaba mis descontroladas lágrimas.
—Estaré siempre contigo, en tu corazón, sea donde sea el lugar en el que estés. Yo estaré amándote, cuidándote, velándote. Nunca lo olvides pequeña, nunca lo olvides mi vida.
Volví a mirar sus ojos azabaches por última vez, mientras mi corazón lloraba, encogido, roto de dolor en el interior de mi pecho.
—Tu sonrisa es lo más bonito que existe en este mundo, por favor, nunca dejes de sonreír —me imploró mientras me miraba enternecidamente antes de marchar.
Accedí a su último deseo, y con sumo esfuerzo, una pequeña pero cálida sonrisa escapó por la comisura de mis labios aunque mis ojos, mi alma y mi corazón seguían amargamente llorando. Me miró, suspiró y mientras tanto sentí que me moría de amor. Su melódica voz se apagó para siempre, me abracé fuertemente a su pecho mientras que su corazón dio el último soplo, su último soplo de amor mientras que el mío se retorcía en el más horrible de los dolores.
Y entonces supe que jamás volvería a mirar aquellos ojos tan negros como la oscuridad de la misma noche, lugar donde se perdió mi etéreo rugido impregnado de dolor.

El tiempo pasa veloz, imparable, etéreo. Y aunque decir esto pueda resultar chocante, a veces recuerdo el aroma de su perfume tan perfectamente invocado, que en vez de ser un simple recuerdo, es como si realmente él estuviera aquí, a mi lado.

Tu princesa.

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7 respuestas a Cuando llora el alma.

  1. Lorena happy García dijo:

    Cristina precioso.Me ha emocionado.
    Precioso relato,con muchos sentimientos.

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  2. Lucía González carvallo dijo:

    Es precioso Cristina. Lo que puedes llegar a transmitir con sólo palabras… es increíble. Un beso enorme

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    • Muchísimas gracias Lucía, esa es una de las mejores cosas que se le puede decir al que escribe: que consigue transmitir, porque las palabras vacías de sentimiento no encuentran el camino para llegar al alma. Gracias por apreciar lo que escribo.
      ¡Un abrazo enorme!

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  3. celeste dijo:

    Hermoso Cristina… emocionas.

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    • Muchísimas gracias Celeste, para quien escribe es bueno saber que con palabras logra transmitir algún tipo de emoción y llegar al lector. Además, siempre estuviste apoyándome desde mis principios y eso no lo olvido. Espero que sigas por más tiempo porque es un verdadero placer tenerte entre los míos. ¡Un abrazo con mucho cariño!

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